La Ciudad de las Élites es un proyecto de investigación que explora cómo los grupos más poderosos han producido —y siguen produciendo— el espacio urbano de Santiago.
La ciudad latinoamericana siempre fue un proyecto de élites: desde la cuadrícula colonial hasta las grandes avenidas del siglo XIX, pasando por los planes de modernización del XX. Lo que distingue al período actual es que el Estado cede el protagonismo al mercado inmobiliario a través de un urbanismo empresarial que ha generado un desplazamiento profundo: las comunas de altos ingresos del sector oriente atraen oficinas, colegios, comercio de alta gama, servicios de seguridad e infraestructura cultural, configurando nuevas centralidades del privilegio que compiten con el centro cívico tradicional que pierde no solo servicios sino los atributos simbólicos que encarnaban la posibilidad del encuentro ciudadano.
A través de mapas interactivos, líneas de tiempo, datos espaciales y casos de estudio, esta página ofrece evidencia empírica rigurosa sobre cómo se ha transformado Santiago. Se puede recorrer la evolución socioeconómica del territorio, la concentración de infraestructura en el eje oriente, la historia de lugares como Nueva Las Condes —levantada sobre los terrenos de la Población San Luis— y las preguntas que estos procesos plantean para el futuro de la cohesión urbana.
¿Qué se gana y se pierde cuando la prosperidad se concentra en un fragmento del territorio? Sin comprender cómo se produce la ciudad —quiénes la producen, con qué instrumentos, para qué fines— no es posible imaginar alternativas. Porque la ciudad es un proyecto. La pregunta es quién lo diseña.
Las élites y la producción de ciudad
Las élites han tenido un rol histórico en la producción de la ciudad latinoamericana. El rol de este grupo en la configuración de la ciudad exige comprender su trayectoria histórica y las categorías que han articulado la producción y circulación de ideas que han dado significado a sus sociedades.
Desde su fundación colonial hasta sus transformaciones modernas, la ciudad latinoamericana puede ser entendida como un proyecto configurado en gran medida por las élites dominantes, donde el espacio urbano se constituye tempranamente como un artefacto de poder, un escenario para la legitimación social y un instrumento de control.
Una perspectiva central para comprender el rol urbano de las élites contemporáneas es la relectura del trabajo de José Luis Romero en “Latinoamérica. Las ciudades y las ideas” (1976) en el que se destaca el papel que las ciudades tuvieron en el proceso histórico del continente. Ante la premisa que con la fundación más que erigir una “ciudad física” se creó una sociedad, el historiador argentino enfatizó en el vínculo del “desarrollo heterónomo de las ciudades con su desarrollo autónomo, entendiendo que en ese juego no sólo se elaboran las culturas y subculturas urbanas sino también las relaciones entre el mundo rural y el mundo urbano” (2001, p.20). En tal contexto, Romero describe a las élites burguesas urbanas —formadas mayoritariamente por la burguesía criolla, comerciantes, industriales y sectores de nueva riqueza económica— como el grupo social que impulsó el desarrollo económico acelerado y la transformación física de las ciudades. Se trataba de “la ciudad burguesa”, la que surgía en el contexto de la incorporación de las ciudades latinoamericanas al mercado mundial y la expansión de economías exportadoras, fundamentalmente entre 1880-1930.
Adrián Gorelik en “La ciudad latinoamericana. Una figura de la imaginación social del siglo XX” (2022) ha reflexionado en torno al desarrollo de las ciudades de la región durante el siglo XX. El autor propone que entre 1940 y 1970, todo pareció “volverse urbano”. Se trató de un periodo en que las nociones de ciudad, modernización y desarrollo ocuparon una parte importante de la conversación pública, de los programas políticos e intelectuales y del propio Estado; resultaba así la emergencia de la “ciudad latinoamericana como una figura de la imaginación social” (Gorelik, 2022, p.11). En tal sentido, con la independencia y los proyectos modernizadores de los siglos XIX y XX, esta lógica de control elitista se transformó, pero no desapareció. La modernización, manifestada en la construcción de grandes avenidas, parques y edificios monumentales, fue un proyecto estético y político. Su objetivo era doble: por un lado, proyectar una imagen de progreso y cosmopolitismo que legitimara el estatus de las élites gobernantes; por otro, reconfigurar el espacio para reforzar la segregación social, distanciando a los grupos dominantes de las masas populares. Así, la modernización se convirtió en un impulso elitista que profundizó las divisiones sociales heredadas de la colonia mientras, la ciudad fue el incentivo para materializar los anhelos de las élites coloniales. La cuadrícula, la plaza mayor como centro del poder político y religioso, y la distribución de solares según el rango social no eran meros arreglos funcionales, sino la inscripción en piedra de un orden social profundamente desigual. Había más proximidad física entre diferentes y desiguales, es cierto, pero la ciudad siempre fue el canvas del poder.
Ángel Rama en su ensayo “La ciudad letrada” (1984) planteó una reflexión cultural sobre la ciudad en América Latina. En su clásica obra, el autor presentó a la ciudad latinoamericana como “un parto de inteligencia, pues quedó inscrita en un ciclo de cultura universal en que la ciudad pasó a ser el sueño de un orden y encontró en las tierras del Nuevo Continente, el único sitio propicio para encarnar” (Rama, 2024, p.49). Propone que desde sus respectivas fundaciones, los intelectuales proyectaron en sus espacios físicos y reflexionaron en torno a su mientras la ciudad colonial no fue una entidad orgánica, sino un orden impuesto a través de la palabra y la ley por una élite de «letrados» -burócratas, clérigos y juristas. Esta ciudad, concebida en el universo de los signos, se materializó en un diseño físico -la cuadrícula- que buscó organizar y controlar no solo el territorio, sino también a sus habitantes, estableciendo una jerarquía estricta entre el centro civilizado y las periferias “bárbaras”.
Adrián Gorelik en “La ciudad latinoamericana. Una figura de la imaginación social del siglo XX” (2022) ha reflexionado en torno al desarrollo de las ciudades de la región durante el siglo XX. El autor propone que entre 1940 y 1970, todo pareció “volverse urbano”. Se trató de un periodo en que las nociones de ciudad, modernización y desarrollo ocuparon una parte importante de la conversación pública, de los programas políticos e intelectuales y del propio Estado; resultaba así la emergencia de la “ciudad latinoamericana como una figura de la imaginación social” (Gorelik, 2022, p.11). En tal sentido, con la independencia y los proyectos modernizadores de los siglos XIX y XX, esta lógica de control elitista se transformó, pero no desapareció. La modernización, manifestada en la construcción de grandes avenidas, parques y edificios monumentales, fue un proyecto estético y político. Su objetivo era doble: por un lado, proyectar una imagen de progreso y cosmopolitismo que legitimara el estatus de las élites gobernantes; por otro, reconfigurar el espacio para reforzar la segregación social, distanciando a los grupos dominantes de las masas populares. Así, la modernización se convirtió en un impulso elitista que profundizó las divisiones sociales heredadas de la colonia mientras, la ciudad fue el incentivo para materializar los anhelos de las élites coloniales. La cuadrícula, la plaza mayor como centro del poder político y religioso, y la distribución de solares según el rango social no eran meros arreglos funcionales, sino la inscripción en piedra de un orden social profundamente desigual. Había más proximidad física entre diferentes y desiguales, es cierto, pero la ciudad siempre fue el canvas del poder.
La impronta fundacional, donde el espacio urbano nació segregado -como lo sostiene el propio Romero-, ha demostrado una resiliencia formidable. Las élites criollas del siglo XIX continuaron este legado, embelleciendo los centros urbanos mientras los procesos modernizadores desplazaron a los pobres hacia las periferias. La segregación, por tanto, no es una anomalía reciente, sino una característica estructural, casi un rasgo constitutivo de nuestras ciudades, continuamente reactualizado por procesos materiales y lógicas sociales.
Luis Alberto Romero muestra cómo, a través del tiempo, diversos grupos dominantes —terratenientes, comerciantes, industriales y políticos— han utilizado la ciudad como un campo estratégico para la acumulación de capital y la consolidación de su poder. Su influencia se ejerció a través del control de la propiedad del suelo, la inversión en infraestructura y la dirección de las políticas municipales, asegurando que el desarrollo urbano reflejara sus intereses económicos y valores culturales. La ciudad se convirtió en el espejo de una sociedad profundamente jerarquizada, donde las aspiraciones de las élites definieron la forma y función del espacio.
El historiador Armando de Ramón ha planteado que, en Chile, la supremacía de la capital atrajo también a las clases altas provincianas “La ampliación de la administración pública desde la década de 1870 significó un traslado de elementos ilustrados de los grupos altos de provincia a Santiago, terminando con el aislamiento que las capitales y ciudades intermedias habían experimentado durante los cien años anteriores.” (de Ramón, 2000, p.137)
Estos procesos deben entenderse en el contexto de los modos de vida urbanos de las elites que definida por el autor como una oligarquía “aristocratizante” de fines del siglo XIX, con su estilo “coloquial y exhibicionista”, lució con sus viajes a Europa, con su costoso estilo de vida, sus fiestas y sus paseos hasta que, tras la crisis de 1930, debió reducir su estilo de vida. Adicionalmente, los cambios de influencia desde europea al “modo de ser norteamericano” les entregó “nuevas pautas de comportamiento, modificando los valores y las actitudes”. De Ramón sostiene que es posible que la irrupción en la política de diversos grupos emergentes de la clase media haya contribuido a disimular tanto a los antiguos como a los nuevos integrantes de la oligarquía. Lo cierto es que las élites de Santiago, sobre todo desde su traslado desde barrios tradicionales como Dieciocho y Ejército hacia sectores del oriente de la ciudad, dejaron de exhibir abiertamente su posición social y su riqueza, adoptando en cambio un modo de vida más discreto y austero: “Sus casas antes dejaban a la vista la ornamentación de las fachadas y el mármol de los zaguanes y escalas. Ahora, en cambio, en los nuevos barrios, esas casas se replegaron al interior de los terrenos y quedaron ocultas detrás de gruesas murallas, de árboles y de otros obstáculos visuales.” (de Ramón, 2000, pp.219-220).
Referencia completa: De Ramón, Armando. (2000). Santiago de Chile (1541-1991) Historia de una sociedad urbana. Santiago: Editorial Sudamericana.
¿Cómo es la ciudad de las élites en las últimas décadas?
¿Qué será lo propio de estos tiempos? Quizás lo clave será entender la metamorfosis de estas estrategias en el contexto actual de la globalización, acumulación de riqueza y la financiarización.
las élites de hoy ya no buscan la proximidad al poder simbólico del centro histórico, como en la colonia, ni se limitan a crear barrios aristocráticos. Los atributos europeizantes de ciertos barrios y el actual estado de su patrimonio son señales de que la suburbanización con sabor a Estados Unidos logró imponerse como canon dominante.
Sus estrategias son más complejas y espacialmente dispersas. Incluyen la creación de ciudades privadas o privatópolis como les llama Rodrigo Hidalgo, la captura de rentas del suelo a través de la especulación financiera o a través de la inversión para el arriendo y con ello la transformación de áreas centrales en espacios de arrendatarios crónicos. El uso del espacio urbano como un recurso para la acumulación de capital, generación de centralidades del privilegio y el aura y el poder es el patrón de dominación que se adapta a los nuevos tiempos. Y de este patrón, como muestra la investigación sobre la reproducción social de las clases medias altas y las élites, es prácticamente imposible salirse.
El momento actual es uno de creación de valor a través del mercado inmobiliario, rentabilidad económica y simbólica y de financiarización del suelo. Con ello, se aceleran procesos de autosegregación de las élites y las clases medias altas, así como también una competencia y coordinación por la generación de las nuevas centralidades del privilegio.
Quizás es por ello que el estudio de las élites y la producción del espacio ha cobrado una fuerza inusitada a nivel mundial. Esto, porque se ve como uno de los mecanismos detrás del aumento de las desigualdades, la acumulación de riqueza, la crisis de la vivienda, el deterioro de zonas patrimoniales en desmedro de otras donde existe alta inversión y especulación, por ende, el desplazamiento de grupos de la población, entre otras.
Grupos Socioeconómicos 1992 ISMT
- 0,00 – 0,30 (E)
- 0,31 – 0,41 (D)
- 0,42 – 0,50 (C3)
- 0,51 – 0,65 (C2)
- 0,66 – 0,76 (C1)
- 0,77 – 0,91 (AB)
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 1992
Grupos Socioeconómicos 2002ISMT
- 0,00 – 0,30 (E)
- 0,31 – 0,41 (D)
- 0,42 – 0,50 (C3)
- 0,51 – 0,65 (C2)
- 0,66 – 0,76 (C1)
- 0,77 – 0,91 (AB)
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 2002
Grupos Socioeconómicos 2017ISMT
- 0,00 – 0,30 (E)
- 0,31 – 0,41 (D)
- 0,42 – 0,50 (C3)
- 0,51 – 0,65 (C2)
- 0,66 – 0,76 (C1)
- 0,77 – 0,91 (AB)
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 2017
Grupos Socioeconómicos 2024ISMT
- 0,00 – 0,26 (E)
- 0,27 – 0,48 (D)
- 0,49 – 0,62 (C3)
- 0,63 – 0,75 (C2)
- 0,76 – 0,90 (C1)
- 0,91 – 1,0 (AB)
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 2024
Sin embargo, estos nacientes procesos de secesión fueron inyectados con una energía renovada con la liberalización del suelo que fue promovida por la Dictadura a finales de los setenta. Desde entonces, “el barrio alto” ha atraído el interés de la clase media-alta. Lo que vemos ahora es la coexistencia de la “élite de la élite” y la “élite ordinaria” (Savage, 2020), o las élites y la clase media establecida.
Colegios por hectáreaRadio búsqueda 2.600m
- Colegios
- 0,001 – 0,001
- 0,002 – 0,003
- 0,004 – 0,005
- 0,006 – 0,007
- 0,008 – 0,01
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: Mineduc 1992
Colegios por hectáreaRadio búsqueda 2.600m
- Colegios
- 0,001 – 0,001
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- 0,008 – 0,01
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: Mineduc 2017
Colegios por hectáreaRadio búsqueda 2.600m
- Colegios
- 0,001 – 0,001
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- 0,003 – 0,004
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Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: Mineduc 2024
Empleabilidad
Porcentaje de Hogares
- 0% – 2%
- 2,1% – 4,7%
- 4,71% – 8.32%
- 8,33% – 13%
- 13,1% – 22,3%
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 2017
Porcentaje de Hogares
- 0% – 12,5%
- 12,51% – 26,48%
- 26,49% – 44,29%
- 26,49% – 62,77%
- 62.78,% – 84,17%
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: INE 2017
Empleabilidad
A pesar de esta descripción contemporánea, también es necesario considerar que los procesos de secesión de las élites hacia los Andes y lejos del centro cívico de la ciudad comenzaron mucho antes. Ya durante los años cuarenta, con las ideas de una nueva ciudad jardín en áreas como Providencia, Ñuñoa y partes de Las Condes (Palmer Trias, 1984) se desenvuelven procesos de urbanización y una incipiente creación de nuevas centralidades lejos de los distritos tradicionales.
Valor m²
- 3 – 5
- 6 – 20
- 21 – 30
- 31 – 50
- 51 – 94
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: CBR 2012
Valor m²
- 3 – 5
- 6 – 20
- 21 – 30
- 31 – 50
- 51 – 94
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: CBR 2020
El caso de santiago de chile se distingue por mostrar una convivencia dentro del privilegio. Como lo muestran los gráficos anteriores, existe una convivencia entre sectores acomodados descritos como clase media alta, por una parte y elites, por otro. Estos son conceptualizados como “la élite de la élite” y la “élite ordinaria” (Gayo and Méndez, 2023). Los dos grupos trabajan en las mismas áreas de la ciudad, residen en barrios similares, envían a sus hijos a las mismas escuelas o a escuelas comparables, y tienen estilos de vida muy parecidos.
Algunos de ellos incluso pueden ser parte de las mismas familias extendidas. Si bien las diferencias económicas pueden ser muy amplias, no lo son tanto su participación en instituciones, prácticas de crianza y ocio, o su elección residencial.
Sin embargo, esta configuración no puede reducirse a procesos de elección personal. Lo que muestra nuestra investigación es que se trata de uno de los mecanismos sobre ellos cuales se apoya el extractivismo urbano: para crear estos amplios territorios del privilegio se requiere un volumen importante de población que arriende, compre, asista a colegios, pague por uso de carreteras, utilice instituciones de salud y educación privadas, por nombrar algunas.
Los desafíos contemporáneos como la persistente desigualdad socioespacial y la debilitada cohesión social y urbana obligan a pensar en torno al rol de las élites -como constelación de agentes, dispositivos e instituciones- en la producción del espacio urbano. Para ello, es importante combinar el foco sobre las fuerzas impersonales del mercado junto a uno que muestra cómo existe también una agenda de grupos dominantes -tanto nacionales como globales- que, a través de sus estrategias de inversión y financiarización, así como de sus prácticas de socialización, consumo y distinción, no solo habitan la nueva ciudad próspera y moderna, sino que la producen con atributos simbólicos y materiales que son capitalizables y rentables, y que devienen un horizonte o vector de movilidad social a costa de baja cohesión social y alta desigualdad.
Así, la segregación residencial/educativa/ocupacional en nuestras ciudades no es un mero "efecto secundario" o una consecuencia no deseada del desarrollo urbano capitalista; es, en gran medida, un proyecto que permite sostener y vitalizar un modelo económico, político y muy posiblemente cultural.
La novedad del planteamiento de la producción de la ciudad de las élites reside en su capacidad para mostrar que este mercado no es un campo de juego nivelado. Las élites (a veces económicas, otras veces en coordinación con élites políticas) no son simples participantes: son los productores del tablero. Sus decisiones de inversión en nuevas centralidades del privilegio, megaproyectos inmobiliarios, enclaves residenciales, distritos financieros y de comercio y corredores de consumo exclusivo, no son actos neutros. Son, prácticas de creación de lugares y auras que redefinen activamente el valor simbólico y económico del suelo urbano, generando a su paso procesos prosperidad, pero también formas privatizadas de pertenencia territorial. Estos procesos también generan competencia por centralidad y en ello tienen también como correlato desplazamientos y vaciamientos: el ejemplo más palmario es lo que ha pasado con el centro de la ciudad de Santiago y su pérdida paulatina y sostenida no sólo de oficinas, sino que de atributos simbólicos que encarnan el poder, pero también la posibilidad de encuentro ciudadano.
En el año 1972 Rosemond Cheetham publicaba en la Revista EURE del Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica de Chile el ensayo “El sector privado en la construcción: patrón de dominación”. Cinco décadas atrás Cheetham ya identificaba al sector privado de la construcción no solo como un actor económico, sino como un «patrón de dominación». Su estudio revelaba cómo un grupo concentrado de empresas, estrechamente vinculadas al capital financiero, orientaba la producción de vivienda y equipamiento urbano no hacia la satisfacción de necesidades sociales, sino hacia la maximización del beneficio, produciendo bienes de lujo y especulando con el suelo. Lo que Cheetham describía como un patrón de dominación sectorial es equivalente a la idea de producción del espacio como mecanismo de consolidación del poder de las élites a través de las nuevas centralidades del privilegio.
Esta línea de tiempo aborda las últimas cinco décadas de expansión, desarrollo e inversión en infraestructura de distinta índole en Santiago de Chile, particularmente hacia lo que conocemos como «el barrio alto» o las zonas de más altos ingresos.
Los enclaves del capital y las nuevas centralidades del privilegio
En todo el mundo, las últimas décadas han demostrado que vivimos en un período de acumulación intensiva y acelerada de riqueza en diversas formas (Savage, 2021; Piketty, 2014). Ya sea en forma de activos o propiedades, las fortunas de los ricos han aumentado en todo el mundo, y aún más durante la pandemia. En 2025, el Informe sobre la Desigualdad Mundial reportó que el 1% más rico se llevó el 41% de la nueva riqueza global desde el 2000, mientras el 50% más pobre solo el 1%.
En esta economía de activos donde la inflación de la propiedad en los grandes centros urbanos es el eje de una nueva lógica de la desigualdad, ser propietario es un nuevo eje de estratificación social (Adkins et al., 2020).
La sociología urbana tradicionalmente ha prestado una atención limitada a los distritos acomodados, asumiendo que presentan pocos problemas sociales. Sin embargo, las formas contemporáneas de acumulación de riqueza están estrechamente vinculadas a la perpetuación de la desigualdad urbana, la segregación y, más recientemente, la inaccesibilidad de la vivienda para una parte significativa de la población. Desde la herencia de propiedades como “una transferencia de fondos estratégicamente programada que necesita ser apalancada y puesta a trabajar en la lógica especulativa de la economía de activos” (Adkins et al., 2020, p. 6) hasta la financiarización de extensas áreas de las ciudades globales, o la emergencia de los super propietarios, las élites desempeñan un papel en la remodelación de los límites urbanos, alterando el aura y la vida de los barrios. A medida que atraen capital, comercio de alta gama y ofertas culturales, esto es particularmente notable en el contexto del urbanismo neoliberal y debe discutirse por sus propios méritos. Hay autores que hablar de las nuevas dinámicas del extractivismo urbano:
“Basándose en experiencias latinoamericanas y en la noción de David Harvey de “acumulación por desposesión” (Cita 2010), Enrique Viale, junto con Maristella Svampa, acuñó estos procesos como extractivismo urbano, haciendo aún más explícito el vínculo entre el desarrollo urbano (neoliberal) y el extractivismo al enfatizar la extracción del valor del suelo urbano: “El extractivismo también ha llegado a las grandes ciudades. Pero no son los grandes terratenientes productores de soja ni las megaempresas mineras, sino la especulación inmobiliaria la que en este caso causa desposesión y desplazamientos” (Svampa y Viale, Cita 2014, p. 248)” (Streule, 2022).
El neoliberalismo urbano o urbanismo empresarial fomenta la expansión urbana centrífuga y nuevas formaciones de élites a través de la extracción simbólica y económica de los espacios urbanos, agudizando la desigualdad socioespacial. La gran influencia sobre el tejido urbano se desarrolla a través de dinámicas globales y locales que marcan un futuro complejo para la cohesión social.
A nivel global, las élites producen las ciudades contemporáneas como sitios donde se miden entre sí y compiten globalmente como constelaciones de diferente magnitud. Algunos autores han descrito esto como competitividad global de las ciudades, impulsado por las elites nacionales y transnacionales.
Las disputas sobre la espacialización de sus formas de distinción y acumulación (Atkinson, 2020; Pinchon-Charlot y Pichon, 2018) tienen consecuencias duraderas, ya que las ciudades contemporáneas son “puntos base” clave (Bassens, van Heur y Waiengnier, 2019), lugares donde la riqueza acumulada se (re)invierte preferentemente.
La producción de las ciudades por parte de las élites no se trata solo de su poder y recursos presentes, sino también de la medida en que son capaces de moldear el futuro y sus narrativas hegemónicas. Las decisiones sobre qué proteger y preservar, y qué regenerar y desarrollar, se miden en relación con el pasado y las versiones dominantes del presente y el futuro.
Las ciudades contemporáneas del Sur Global ofrecen un caso particularmente interesante para comprender estas dinámicas; a medida que el rápido cambio económico y social refleja las disputas entre las élites tradicionales y contemporáneas, el espacio urbano es el gran escenario donde estas tienen lugar. En otras palabras, el espacio urbano es “un dominio de acumulación, diferenciación y contestación de múltiples formas de capital, lo que efectivamente convierte a la ciudad en un terreno y premio central de las luchas históricas” (Wacquant, 2018, p. 104).
El papel de las élites en la configuración de las ciudades contemporáneas se cristaliza en las nuevas centralidades espaciales de poder y riqueza, es decir en la forma en que transforman los paisajes urbanos a través de grandes proyectos de inversión, redefinición del espacio público, así como también en la creación de nuevos lugares de distinción.
En el caso de la ciudad de Santiago, la generación de nuevas centralidades del poder y privilegio se asienta y consolida en las comunas de más altos ingresos:
Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea.
Las siguientes dimensiones contribuyen a la caracterización de las nuevas centralidades del privilegio:
Las nuevas centralidades como aglomeración de actividades económicas (Fang y Yu, 2017):
la reubicación de oficinas, servicios y comercios es un proceso clave en la competencia urbana por la atracción de recursos materiales y simbólicos. Se espera que las nuevas centralidades ofrezcan servicios que parezcan accesibles e inscritos en una especie de familiaridad pública (Blokland y Nast, 2014) para los residentes antiguos y nuevos de cada área. Al hacerlo, la experiencia urbana de visitar el antiguo centro cívico se ha convertido en un rasgo menos presente entre las élites.
Entorno construido, arquitectura y movilización de las élites:
los edificios distintivos y simbólicamente poderosos juegan un papel clave en la configuración del campo de poder y, por lo tanto, en su cristalización en el espacio urbano. Las oficinas de reconocidas empresas locales e internacionales, las sedes y los espacios corporativos son objetos clave en la conversión de capital económico en capital simbólico. Estos edificios son escenarios clave donde interactúan diferentes actores y fracciones de las élites. Esto incluye actores públicos y privados, estudios de arquitectos y diseñadores urbanos. Tanto la élite de la élite como los facilitadores interactúan para movilizar el poder sobre el espacio, proporcionando atributos legítimos al lugar para ser habitado por diferentes actores en las nuevas centralidades del poder.
Instituciones culturales, mecenazgo y curaduría de distritos de negocios:
la presentación física de los lugares y los marcadores de quién pertenece y quién no, articulan formas estéticas y políticas Los usos de lugares exclusivos como clubes, pero también espacios públicos, parques particulares, instituciones culturales como teatros, galerías de arte, entre otros, son elementos que deben contextualizarse en las geografías urbanas multidimensionales de las nuevas centralidades:
Privatización y securitización del espacio público:
el aumento de la seguridad implica decidir no optar por lugares que gradualmente sufren el estigma territorial de ser peligrosos. Esto es lo que ha estado ocurriendo durante las últimas décadas con el centro cívico y las nuevas centralidades.
Competitividad y posicionamiento global:
el poder opera dentro de redes locales, nacionales y globales. En el contexto de las ciudades latinoamericanas, Santiago de Chile ha sido descrita como una de las más atractivas para los inversores globales
Catastro Servicio de Impuestos InternosOficina (m²)
- 0
- 1 – 500
- 501 – 3000
- 3001 – 8000
- 8001 – 125746
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2015
Catastro Servicio de Impuestos InternosOficina (m²)
- 0
- 1 – 500
- 501 – 3000
- 3001 – 8000
- 8001 – 238225
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2024
Catastro Servicio de Impuestos InternosComercio (m²)
- 0 – 50
- 51 – 500
- 501 – 1000
- 1001 – 2500
- 2501 – 924987
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2015
Catastro Servicio de Impuestos InternosComercio (m²)
- 0 – 50
- 51 – 500
- 501 – 1000
- 1001 – 2500
- 2501 – 236409
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2024
Espacio público + oficina + comercio(m²)
- 0 – 500
- 501 – 5000
- 5001 – 30000
- 30001 – 50000
- 50001 – 925019
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2015
Espacio público + oficina + comercio(m²)
- 0 – 500
- 501 – 5000
- 5001 – 30000
- 30001 – 50000
- 50001 – 925019
Fondecyt: Las Geografías cambiantes del Privilegio en el Santiago Contemporáneo
Fuente: SII 2024
Indicadores de nuevas centralidades
Hacia el final de este capítulo nos preguntamos, entonces: ¿Dónde se concentra hoy el poder urbano en Santiago? Para responder evidencia empírica el proyecto ha desarrollado un mapa de candidatos a subcentralidades del privilegio en el Área Metropolitana de Santiago, a partir de un análisis multidimensional de la superficie construida catastrada por el Servicio de Impuestos Internos (2024). Este producto constituye la primera aproximación sistemática y algorítmica a la identificación de nodos funcionales que integra simultáneamente tres dimensiones: oficinas, comercio y administración pública.
A diferencia de enfoques previos centrados exclusivamente en el uso comercial, como el trabajo pionero de Truffello e Hidalgo (2015), la incorporación de estas tres capas permite capturar una noción más amplia de centralidad, una que no se reduce a la aglomeración económica sino que incluye las funciones institucionales y de servicios que históricamente definieron al centro cívico.
Los resultados revelan cómo ciertas zonas del sector oriente han ido concentrando funciones que antes estaban reservadas al centro histórico de la ciudad, configurando nodos que operan como verdaderos puntos centrípetos — espacios capaces de atraer recursos materiales y simbólicos, incrementar el valor del suelo y estimular la acumulación de beneficios asociados al mero hecho de estar ahí. Estos resultados son aún exploratorios: la identificación formal de subcentralidades validadas estadísticamente requiere la aplicación de modelos paramétricos de análisis de residuos, siguiendo la línea metodológica de Ruiz y Marmolejo Duarte (2008), trabajo que constituye la etapa central proyectada del proyecto. Lo que el mapa ya permite observar, sin embargo, es la magnitud del desplazamiento: el centro cívico tradicional de Santiago no solo compite con las nuevas centralidades del privilegio, sino que en varias dimensiones ha dejado de ser el punto de mayor concentración funcional de la metrópoli.
Los casos de estudio
caso 1.
Nueva Las Condes
En 1996, la inmobiliaria Parque San Luis S.A se hizo dueña de los lotes N° 13-A1, 14-A, 15-a, 16a y 17-A y de los bloques de dptos ubicados en dichos lotes, singularizados en el plano «fusión de lotes ex fundo San Luis», Le compró al Comando de Apoyo Administrativo del Ejército por el precio de 2.689.283 UF. Tienen los edificios Matta, Arrau (NLC 5), Nueva Las Condes 6 y NLC 8. El título anterior está en Foja: 89074. N°: 63726, 1989.
En 26 de diciembre de 1989, el Servicio de Viviendas y urbanización Metropolitano, dona al FISCO los lotes singularizados en el plano “fusión de lotes ex fundo san Luis”, (del lote 13 al 18) cuestión que se cumplió el 12 de diciembre. Firma el Secretario regional ministerial de Bienes Nacionales de la R;. Bustos Azocar. El título anterior está en Foja: 14291. Número: 16592, 1968.
20 de julio de 1968. Expropiación de CORMU al SNS., de 20h por la cantidad de 20.740.174, 50 e. CORMU es dueña del ex fundo San Luis, ubicada entre Presidente Kennedy-Nuestra Señora del Rosario-Los Militares-IV Centenario. Prolongación de Presidente Riesco y Américo Vespucio. El título anterior está en Foja: 829, N°: 1445, 1934.
Competencia por la centralidad, el poder y la obsolescencia del centro histórico
el centro de santiago sufre un vaciamiento y la capacidad de generar pertenencia en condiciones de ciudadanía colisiona con el poder de las centralidades del privilegio de marcar las nuevas formas de pertenencia a una sociedad «pujante, moderna», etc. Estas centralidades, sin embargo, reproducen desigualdades tradicionales de sociedades latinoamericanas (clase y etnia).
La producción de nodos de poder alternativos mediante el despojo de los centros cívicos tradicionales y, por lo tanto, la reorganización del orden jerárquico socioespacial en la ciudad. Las élites en las ciudades contemporáneas de regímenes neoliberales avanzados, particularmente en el Sur Global, han creado nuevos nodos o centralidades que disputan el poder y la riqueza a los centros cívicos tradicionales, aquellos que han tenido una conexión a largo plazo con el Estado y que tradicionalmente han aparecido como áreas señaladas de pertenencia cívica. Estos nuevos “puntos centrípetos” son capaces de atraer cada vez más recursos materiales y simbólicos. Esto crea constelaciones urbanas alternativas y en competencia donde las élites residen, trabajan, gobiernan, desarrollan burbujas de seguridad, ofrecen cultura y, básicamente, curan nuevas nociones de espacio público y pertenencia. Por lo tanto, mi objetivo es contribuir a la literatura sobre élites y espacio centrándome en las formas en que la configuración de nuevas centralidades de poder se convierte en un aspecto clave en la producción, las inversiones y la expansión de las ciudades contemporáneas.
Visto desde esta perspectiva, las tesis sobre la «escala de la segregación» adquieren un nuevo matiz. La coexistencia de grandes áreas homogéneas de pobreza y riqueza (segregación a gran escala) con la proliferación de enclaves fortificados (microsegregación) no es solo un patrón espacial, sino la huella visible de estrategias de élite. Las grandes extensiones de riqueza son el resultado de la capacidad de estos grupos para apropiarse y urbanizar vastas porciones del territorio periurbano así como también espacios exclusivos en la ciudad consolidada.
El vaciamiento del centro representa una estrategia defensiva y de distinción frente a un nodo cívico que hoy aparece como hostil o deteriorado. Ambas son caras de la misma moneda: la capacidad de una minoría para imponer crear vectores de expansión y centralidad, normalizando formas de comprender la prosperidad.
Preguntas incómodas para el futuro urbano
I
I
Si aceptamos esta premisa —que la segregación es, en buena medida, un proyecto de élite—, nos enfrentamos a una serie de conclusiones profundamente incómodas. La primera es que el discurso dominante sobre el desarrollo urbano, a menudo presentado en términos técnicos y neutrales de crecimiento, eficiencia y modernización, oculta una profunda dimensión ideológica: ¿desarrollo urbano de qué, para qué y qué costo social y espacial?
II
II
La segunda conclusión controversial pone en jaque muchas de las políticas urbanas bienintencionadas que buscan promover la integración social. Si la segregación es el resultado de una producción activa del espacio por parte de grupos con un poder desproporcionado, ¿pueden las políticas que no desafían frontalmente dicho poder tener un impacto real y duradero? Los programas de subsidios a la vivienda que insertan unas pocas familias de bajos ingresos en barrios de clase media o alta, si bien pueden tener efectos positivos a nivel individual, corren el riesgo de ser meramente simbólicos si no se acompañan de medidas estructurales que limiten la especulación del suelo, graven las rentas extraordinarias y democraticen la planificación urbana. Sin una redistribución del poder para decidir sobre la ciudad, la integración será siempre una aspiración frágil, constantemente amenazada por las fuerzas del mercado que las propias élites controlan.
III
III
Esta perspectiva nos obliga a cuestionar lo que estamos concibiendo como espacios para el encuentro y el ejercicio de la ciudadanía. La privatización de facto del espacio público en zonas financieras, malls, parques urbanos, junto con la consolidación de un urbanismo de la securitización son síntomas de una ciudad producida por y para una minoría. Asimismo, unas formas de la cohesión urbana y social limitadas y que poco representan a la mayoría de la población.
IV
IV
Revisitar las tesis sobre la segregación desde esta óptica no implica invalidarlas en lo absoluto, sino darles una nueva profundidad política. La segregación no es solo un problema de distancia, sino de acumulación. No es solo un asunto de mercados, sino que también de poder. Y mientras la capacidad de producir la ciudad siga concentrada en manos de unas élites cuyos intereses privados se imponen sistemáticamente sobre el bien común, la promesa de una ciudad más cohesionada, integrada y justa puede seguir siendo lejana. El desafío, entonces, no es solo técnico o de planificación; es, fundamentalmente, un desafío político que pasa por disputar el control sobre la producción del espacio que habitamos.